Brasil

Las iniciativas para abordar la violencia social se debaten en una audiencia nacional

19 de enero de 2026

BRASILIA, Brasil — Cuando la ausencia de guerra se llega a confundir a veces con la existencia de paz, en una reunión de funcionarios del gobierno, expertos universitarios y líderes de la sociedad civil en la Cámara de los Diputados de Brasil, se puso a examen una cuestión que ha tomado un cariz más urgente en las últimas cuatro décadas: ¿Qué es lo que de verdad se necesita para construir una paz duradera?

La reunión conmemorativa se convocó hace poco a instancias de la Comisión de Derechos Humanos, Minorías e Igualdad Racial, a petición del parlamentario Luiz Couto, para conmemorar el 40 aniversario de La promesa de la paz mundial, una declaración dirigida a los pueblos del mundo por la Casa Universal de Justicia. El documento, publicado en 1985 en un contexto de tensión durante la Guerra Fría, desplegó una visión de la paz basada en el reconocimiento esencial de la unidad de la humanidad.

En la imagen, una edición de La promesa de la paz mundial en portugués, en conmemoración del 40 aniversario de la declaración.

El foro reunió a representantes de diferentes órganos de gobierno, instituciones académicas y organizaciones de la sociedad civil, junto con unos ciento cincuenta participantes, entre ellos un número notable de jóvenes.

El foro surgió de un proyecto de la Oficina Bahá’í de Asuntos Externos de Brasil que analiza el tema de «deconstruir una cultura de violencia». Los participantes en este proyecto han descubierto que los diálogos que se desarrollan en numerosos espacios sociales se vuelven más sinceros cuando se empieza por las realidades concretas de la violencia en lugar de apelar a una «paz» en abstracto.

Más allá de la ausencia de guerra

En sus palabras inaugurales, el diputado Couto ubicó La promesa de la paz mundial en el contexto brasileño, destacando que el mensaje se publicó en un período de tensión mundial y durante la propia transición de Brasil hacia la democracia. No obstante, afirmó, su argumento central sigue siendo pertinente: la paz no descansa exclusivamente en los acuerdos o tratados políticos, requiere un cambio profundo en las relaciones que modelan la sociedad.

El foro reunió a representantes de órganos gubernamentales, instituciones académicas y organizaciones de la sociedad civil, junto con unos ciento cincuenta participantes, entre ellos un buen número de jóvenes.

El diputado Couto estableció el tono de los debates al llamar la atención hacia una paradoja que se encuentra en el corazón de la sociedad brasileña.

«Brasil, aunque no está experimentando una guerra, se enfrenta a niveles de violencia alarmantes que afectan a la vida de millones de personas cada año, agravados por la desigualdad, el racismo estructural, la discriminación de género y la marginalización de los pueblos indígenas y de quienes viven en las comunidades urbanas periféricas ―declaró―. Por desgracia, somos una nación que no vive en presencia de guerra, sino en la ausencia de paz».

Examinar las nociones sobre la naturaleza humana

El diputado Couto enfatizó que La promesa de la paz mundial proporciona una base para la esperanza. «Es crucial recordar que la naturaleza humana no está condenada a la violencia. Por el contrario, el mensaje ofrece una visión sublime y sugiere que toda persona lleva dentro de sí misma una nobleza inherente y la capacidad para la solidaridad».

Esta perspectiva, la de que los seres humanos no son violentos por naturaleza, sino capaces de altruismo y cooperación, estuvo presente durante todo el foro.

De izquierda a derecha, los ponentes del panel: Marcele de Oliveira, Instituto Sou da Paz; Marcos Alan Ferreira, miembro de la comunidad bahá’í; Luiz Couto, miembro del Congreso; Daniele Barreto, Proyecto Axé.

Al señalar las formas de violencia visibles en el Brasil actual, Marcos Alan Ferreira, miembro de la Oficina Bahá’í de Asuntos Externos de Brasil, dijo que uno de los obstáculos más difíciles de superar para la paz es la noción de que la violencia sencillamente forma parte de la naturaleza humana.

Ferreira y otros ponentes analizaron cómo esta visión podría influir en los planteamientos para construir la paz como un empeño práctico arraigado en las comunidades, indicando que superar la violencia exige algo más que tratar sus síntomas.

«Para fomentar el espíritu de cuidar de los demás, debemos desmantelar la cultura de la violencia que normaliza los prejuicios, la exclusión y la desigualdad, y construir en su lugar una cultura de paz. Este tipo de cultura solo surge cuando se promueven la justicia, la igualdad y el cuidado en el hogar», afirmó.

Los jóvenes como protagonistas

Un tema recurrente durante todo el encuentro fue el papel fundamental de los jóvenes en la promoción de comunidades pacíficas. La destacada presencia de jóvenes entre el público, señalada por varios ponentes, confirió a los debates un sentido de urgencia además de esperanza.

Roberta Maschietto, del Centro de Estudios sobre Conflictos y Paz de la Universidad de São Paulo, describió cómo en el país la polarización puede adoptar un carácter social más profundo, influyendo en cuestiones de identidad, de reconocimiento y de quienes son vistos como sujetos de pleno derecho.

La participación de los jóvenes aportó a los debates del foro un sentido de urgencia y esperanza a la hora de afrontar la violencia social.

Maschietto destacó que las diferencias no han de considerarse como una amenaza. «Los jóvenes están más abiertos al cambio. Están abiertos a nuevas ideas [...] Por eso es tan importante escuchar y comprometerse con los jóvenes».

Los participantes relacionaron esta idea con la experiencia de las comunidades bahá’ís de Brasil. «En lugares como Canoas, Rio Grande do Sul; en São Sebastião y Santa Luzia, ambas localidades en el Distrito Federal; y en localidades de São Paulo, hemos visto a jóvenes reunirse con el compromiso del servicio comunitario, guiando procesos de cambio, organizando espacios de diálogo y responsabilizándose de encaminarse desde una cultura de violencia hacia una cultura de paz».

Una foto de grupo de los jóvenes que asistieron a la audiencia

Una sola familia

Durante la audiencia, los ponentes retomaron el principio que constituye el núcleo de La promesa de la paz mundial: el reconocimiento de la unidad esencial de la humanidad.

«Al reconocer que la humanidad es una, empezamos a rechazar la lógica del «nosotros contra ellos», los límites de las fronteras y los nacionalismos exagerados que alimentan la exclusión ―afirmó Ferreira―. En vez de ello, promovemos una visión de ciudadanía mundial y de pertenencia compartida, que trasciende nuestras diferencias».

Paulo Ricardo Sampaio, del ISER (Instituto de Estudios Religiosos), clausuró el foro con un pasaje de los escritos de Bahá’u’lláh dirigido a los gobernantes de la tierra: «Escuchad el consejo que os da la Pluma del Altísimo, para que quizá tanto vosotros como los pobres alcancéis tranquilidad y paz».

Sampaio declaró: «Como nos recuerda la declaración de La promesa de la paz mundial, la paz no es algo que encontramos, sino algo que construimos, ladrillo a ladrillo, a veces con dolor. La paz no es un destino final ni una línea de meta que cruzamos, sino una opción que debemos tomar una y otra vez».

El foro formó parte de la labor continua de la comunidad bahá’í de Brasil para participar en los debates sociales sobre cómo superar la violencia y construir la paz.

El foro surgió de un proyecto de la Oficina Bahá’í de Asuntos Externos de Brasil, que estudió el tema de «deconstruir una cultura de violencia».

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